Cumplí 30 años, no es que la edad me haya preocupado demasiado ni que viva frente al espejo tratando de descubrir una nueva arruga cada día. Pero lo cierto es que sí descubrí algo que me inquieta mucho más...
Tres largos cabellos plateados como un rayo de luna. Y no, no saquen conclusiones apresuradas, no es que mi orgullo estético haya sido dañado por semejante descubrimiento. La ecuación que tanto me horroriza es la siguiente "30 años, 3 canas y todavía no disfruté de la vida".
No es que no haya vivido, muy por el contrario, creo que comencé mi vida al revés, cargando cuanta responsabilidad encontraba dando vueltas por allí, desde temprana edad, y si me preguntan las razones no querría aburrirlos relatándoles la historia de mi vida, que hasta donde puedo recordar comienza a los 6 años, ni antes ni después.
Asi pues si les digo que en lo mas profundo de mi mente disocié la palabra "responsabilidad" de la palabra "disfrutar" no debería asombrarles. De hecho, darme el lujo de disfrutar me parecía algo totalmente irresponsable. Busqué cuanta excusa pude para cumplir mis obligaciones y me resigné a que el sentimiento de felicidad, era un estado de ánimo incompatible conmigo.
Hace unos meses atrás, esta "filosofía" de vida que elegí para mí durante tanto tiempo, estaba comprometiendo mi salud física y mental, al punto que ya no podía seguir mirando para otro lado o las consecuencias iban a ser desastrosas. Entonces me detuve a mirarme, y no frente a un espejo, sino a mirar dentro mío, y a preguntarme que culpas estaba cobrándome, que tantas cosas malas puedo tener para quererme tan poco.
No las voy a enumerar ahora porque sé que soy demasiado autocrìtica, pero no me considero una persona con malos sentimientos. Y muy a mi pesar, estoy convenciéndome de que debo desarrollar un poquito mi naturaleza egoísta e interesada, porque todas las personas tenemos de esos sentimientos, sólo que yo le dí siempre mas importancia a los intereses, a las necesidades, a los sentimientos de las personas que amo, y descuidé los mios creyendo que alguién más cuidaría de mí. Logicamente el saldo fué sentir un egoísmo excesivo de las personas que me rodean. Y para alguien tan sensible como yo, eso es muy doloroso.
Es verdad, estoy sensibilizada y todo no es tan drástico como a menudo lo siento. Pero déjenme mostrarle como siente las cosas alguien de poca autoestima.
Esto le sucedió a una de las tres mujeres que amo en mi vida. En una seción de pareja con su terapeuta, le preguntaron quien era para ella la persona más importante de su vida. Sin dudarlo contestó "mi hija" (y yo que soy madre hubiese dicho lo mismo). Ante la misma pregunta, su pareja contestó "yo". Por supuesto, la respuesta mas "saludable" era la de su marido, no la de ella, y la explicación es que si uno no se da la importancia debida, el respeto que se merece y se ama en la medida justa y razonable (sin irse al extremo del egocentrismo puro y egoísta), no es capaz de amar ni respetar a nadie.
La vida estuvo estos años encargándose de demostrarme que esta premisa en mi caso siempre se cumple. Y cuando uno no se tiene suficiente amor propio, termina rodeado de personas que tampoco nos tienen demasiado amor, o que tienen mas amor por ellos que por nosotros mismos... y he aquí el dilema. Uno da lo mejor que tiene y siente que recibe poco a cambio y se llena de interrogantes del estilo ¿es que no merezco algo más? ¿acaso no estoy dando realmente lo mejor de mí? ¿soy muy egoísta por querer que los demás me den algo de sí? ¿o tal vez no seré un eterno inconformista que nada de lo que los demás hagan le parece bien?.
Todas estas dudas, sobre todo la última, me han rondado en la cabeza muchas veces, pero sobre todo en estos días. Y no obtengo respuestas nuevas ni reveladoras, ni cosas que en definitiva no supiera desde siempre.
Soy una ilusa y es parte de mi esencia, y mi espíritu inocente me deja expuesta ante las personas que se me acercan. Soy un cristal a través del cual quien sepa observar puede ver todo lo que hay en mí, y si bien soy inofensiva, esto atrae a los abusadores. Gente que abusa de mi confianza, que abusa de mis debilidades, que abusa de mi falta de amor propio; porque si todavía alguien no lo sabe, las formas de abuso no se limitan solo a una cuestión física. Y mea culpa porque la mayoría de estos abusos suceden porque yo misma los permito. Y van a seguir sucediendo hasta que diga Basta, hasta que deje de postergarme en nombre del "amor" (ajeno) y empiece a realizarme en nombre del amor propio. Como decía aquella publicidad de cosméticos femeninos "porque yo lo valgo".
¿Cuál es el sentido de todo este discurso? Si en algún punto se sintieron identificados conmigo, entonces están en problemas. Pero no se preocupen, tiene solución: un poco de sinceridad, algo de tiempo, y mucho, mucho amor propio.
08 diciembre, 2007
01 diciembre, 2007
La Frase del Mes
"Algunas de las cosas que creemos jamás fueron verdad. Eran solamente los miedos de otra persona."
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